Dios creo al hombre para mostrar su verdadero amor a la humanidad y sea reconocidos por su creatura de ser pensante con la cual comparte su amor como creador y criatura, en la Constitución Pastoral Gadium Et Spes dice: “el hombre ha sido creado "a imagen de Dios", con capacidad para conocer y amar a su Creador” (No. 12).
Dentro de toda la creación el hombre es la única creación de Dios que puede amar a su Creador porque en el se manifiesta el verdadero amor de Dios a través de él.
El hombre ha sido
creado por Dios, donde Dios mismo se ama porque al crear al hombre es la manifestación
del amor Divino como imagen y semejanza de Dios mismo en el Antiguo Testamento
resalta: "Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como
semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y
en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que
serpean por la tierra. 27.Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a
imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó" (Gn 1, 26-27).
El hombre con su
existencia es la muestra del amor verdadero de Dios. La Iglesia Católica
reconoce y valora en la Constitución Pastoral Gadium Et Spes indica: “única criatura terrestre a la
que Dios ha amado por sí mismo” (No. 24).
El hombre de nuestro día su cuestionamiento ¿Por qué Dios crea al hombre? El salmista nos enseña la intención de Dios de crear al hombre. Dios nos recuerda su gran amor con la creación del hombre, el salmo de alabanza resalta el amor verdadero de Dios en el hombre diciendo:
La persona humana es la “única criatura en la tierra a la
que Dios ha amado por sí misma”. Desde su concepción está destinada a la
bienaventuranza eterna” La persona humana participa de la luz y la fuerza del
Espíritu divino. Por la razón, es capaz de comprender el orden de las cosas
establecido por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma
a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y el amor de la
verdad y del bien. En virtud de su alma y de sus potencias espirituales de
entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de libertad, “signo eminente
de la imagen divina”. Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le
impulsa “a hacer el bien y a evitar el mal”. Todo hombre debe seguir esta ley
que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios y del prójimo.
El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana.
Dentro de la Iglesia Católica
tenemos que ejemplo a seguir a la Virgen María a vivir la plenitud del amor de
Dios desde la alegría en ser criatura de Dios. Dios
hizo al hombre para ser feliz. Uno de los ejemplos tenemos como los cristianos
es Nuestra Madre Santísima que vivió y experimento la plenitud de Dios en ser
gozoso de la presencia de Dios, el evangelista nos recuerda: “Y entrando, le
dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (cfr. Lc 1, 28).
Bibliografía:
Pablo Vi. (1965)
Carta Encíclica Gaudium Et Spes. [Archivo PDF] recuperado
de:
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html
Considero que las personas no hemos comprendido que significa ser imagen y semejanza de Dios, porque al analizar esa frase nos permite reconocer que Dios es un ser perfecto, que todas las cosas las hace bien, que busca el bienestar de los demás, que siempre está dispuesto a servir, que brinda amor, perdón, misericordia y cada una de sus enseñanzas son ejemplo vivo para llegar al camino de la verdad como de la santidad.
ResponderEliminarSi las personas practicamos en nuestra vida ser imagen y semejanza de Dios el mundo fuera diferente, se tratará a los demás con respeto, tolerancia y amor, por eso día a día hay que pedirle a Dios su sabiduría y discernimiento para tratar de actuar conforme a su voluntad.
De acuerdo a la encíclica Veritatis Splendor (No. 1) Llamados a la salvación mediante la fe en Jesucristo, «luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1, 9), los hombres llegan a ser «luz en el Señor» e «hijos de la luz» (Ef 5, 8), y se santifican «obedeciendo a la verdad» (1 P 1, 22).
Mas esta obediencia no siempre es fácil. Debido al misterioso pecado del principio, cometido por instigación de Satanás, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44), el hombre es tentado continuamente a apartar su mirada del Dios vivo y verdadero y dirigirla a los ídolos (cf. 1 Ts 1, 9), cambiando «la verdad de Dios por la mentira» (Rm 1, 25); de esta manera, su capacidad para conocer la verdad queda ofuscada y debilitada su voluntad para someterse a ella. Y así, abandonándose al relativismo y al escepticismo (cf. Jn 18, 38), busca una libertad ilusoria fuera de la verdad misma.
Pero las tinieblas del error o del pecado no pueden eliminar totalmente en el hombre la luz de Dios creador. Por esto, siempre permanece en lo más profundo de su corazón la nostalgia de la verdad absoluta y la sed de alcanzar la plenitud de su conocimiento. Lo prueba de modo elocuente la incansable búsqueda del hombre en todo campo o sector. Lo prueba aún más su búsqueda del sentido de la vida. El desarrollo de la ciencia y la técnica —testimonio espléndido de las capacidades de la inteligencia y de la tenacidad de los hombres—, no exime a la humanidad de plantearse los interrogantes religiosos fundamentales, sino que más bien la estimula a afrontar las luchas más dolorosas y decisivas, como son las del corazón y de la conciencia moral.
Como mencionaba el profesor en la clase pasada, Dios crea porque quiso, pero ese querer nos lleva a que la persona humana es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”. Desde su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna”
ResponderEliminarCompañeras es impresionante su aporte sobre el tema del "amor" es una invitación y un reto descubrir la esencia y la razón del ser del amor desde la figura de Jesús que es humano y divino, una expresión viva del amor de Dios con su pueblo, san Juan Pablo II (1979) en su Carta encíclica Redemptor Hominis puntualiza muy bien sobre la presencia de Dios a través de su hijo diciendo: Él, Hijo de Dios vivo, habla a los hombres también como Hombre: es su misma vida la que habla, su humanidad, su fidelidad a la verdad, su amor que abarca a todos. Habla además su muerte en Cruz, esto es, la insondable profundidad de su sufrimiento y de su abandono. La Iglesia no cesa jamás de revivir su muerte en Cruz y su Resurrección, que constituyen el contenido de la vida cotidiana de la Iglesia (No. 7). la realidad del ser humano no solo base de amor sino también ese amor se tiene que purificar desde el sufrimiento para que se un verdadero amor....
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