El amor de Dios se hace presente en la creación del hombre, con la medida que cada uno reconozca como un ser trascendente, Benedicto XVI (2005) dice: “«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino” (No. 1). El ser imagen y semejanza de Dios es la muestra del amor de Dios manifestado en la fe cristiana por esa misma del ser imagen de Dios.
La convicción de fe en Cristo solo es
posible en vivir y sentir el amor de Dios que concede a cada uno de sus
criaturas, la captación de la otra persona se realiza desde la convicción del
amor, de la misma, forma sucede en la
experiencia de la vida cristiana, ese sentido de pertenencia en Cristo se ratifica
desde en:
El encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud (Benedicto XVI, 2005, No. 1).
La definición de “Dios es amor” es la afirmación
de la presencia de Cristo encarnado con su pueblo sufriente, y la verdadera
imagen y perfecta de Dios Padre presente en la historia de la humanidad.
La Palabra “amor” se ha
dado diferentes interpretaciones e asimilación en la cada cultura del pueblo,
Benedicto XVI (2005) reconoce:
Los antiguos
griegos dieron el nombre de eros al amor entre hombre y mujer, que no nace del
pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano.
Digamos de antemano que el Antiguo Testamento griego usa sólo dos veces la
palabra eros, mientras que el Nuevo Testamento nunca la emplea: de los tres
términos griegos relativos al amor —eros, philia (amor de amistad) y agapé—,
los escritos neotestamentarios prefieren este último, que en el lenguaje griego
estaba dejado de lado. El amor de amistad (philia), a su vez, es aceptado y
profundizado en el Evangelio de Juan para expresar la relación entre Jesús y
sus discípulos. Este relegar la palabra eros, junto con la nueva concepción del
amor que se expresa con la palabra agapé, denota sin duda algo esencial en la
novedad del cristianismo, precisamente en su modo de entender el amor (No. 3).
La definición de Dios
es amor como nos enseña el papa en su encíclica Deus Caritas Est es el amor de amistad
(philia), que nos enseña en el evangelio de Juan solo es evidente desde la relación
entre Dios y hombre, y vivido en modo de vida en las relaciones
interpersonales.
Jesús como punto de referencia del
sentido que Dios es amor porque se entrega en la cruz para la salvación de la humanidad y
lo hace fecundo el amor de su Padre con el humanidad en el trono que muchas
personas lo temen, Cristo nos sumerge en el verdadero amor de Yahvé:
En su muerte en
la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar
nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la
mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37),
ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica:
« Dios es amor » (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse
esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde
esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar (No.
12).
Los cristianos entienden el sentido del
amor radicado desde la entrega al sufrimiento a ejemplo de Jesús, un amor
verdadero y trasparente sin interés propio sino para engendrar vida a los demás.
El amor de Dios es una evidencia lo que se podría vivir y reflejar en la vida de pareja donde brota el verdadero amor conyugal es donde la naturaleza de Dios vive el ser humano desde su realidad como: “La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revelan cuando éste es considerado en su fuente suprema, Dios, que es Amor [6], "el Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra"(Pablo VI, 1968, No. 8).
Benedicto XVI. (2005). Carta encíclica Deus Caritas est del sumo pontífice. [Archivo PDF] Recuperado de: http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.pdf
Pablo VI. (1968) Carta Encíclica Humanae Vitae. [Archivo PDF] recuperado de:
http://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.pdf
Considero que, en la manifestación de Dios, en los pequeños detalles en la vida del ser humano es una expresión plasmado de amor, por tanto, amar a Dios es aceptar que él está en nuestro espíritu, por ello, amar a Dios se refiere a hacer su voluntad y llevar a cabo su proyecto de amor encomendado en la vida de cada ser humano, en este sentido, hay que amar a Dios como él quiere ser amado y no como nosotros queramos amarlo, pienso que también en esto consiste hacer su voluntad. La persona de Jesús se considera, un ser humano que vivió una vida sin pecado. Por lo tanto, él puede tocar el lado humano y el lado de Dios y atravesar el abismo que separa Dios y la gente. Él es el puente a la vida que nos muestra el amor pleno que proviene del Padre.
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